El abrazo del sol y la tormenta.

Todo se estaba dando de manera precisa, incluso mi preocupación sobre el vestido de novia quedó resuelto cuando una vecina se ofreció a hacerme el diseño que yo quería, eso me ahorró muchísimo dinero y tiempo. Sólo faltaba que llegara mi mamá y mi hermano, y por fin ese día había llegado.

Desde que despertamos, Beto me estuvo tranquilizando, asegurando que nuestras familias se llevarían bien y que mejor me concentrara en todo lo bueno que estaba por venir. Por mi parte, necesitaba urgentemente abrazarlos, enseñarles la ciudad, mostrarles cuánto los había extrañado. Mi mamá alcanzó a mandarme un audio de voz para decirme que le había llegado el reemplazo de mi tarjeta de débito, pero que la mala noticia es que al probarla en el aeropuerto no había funcionado, estaba bloqueada.
Después perdí comunicación con ella porque ya había abordado.
Inmediatamente, (con una ola de estrés en mi cabeza) llamé al banco, y para mala suerte mía me tocó uno de esos operadoras telefónicas frustradas con su trabajo. Por más que fui amable y le expliqué la situación ella sólo respondía “La tarjeta se bloqueó porque se necesita cambiar el PIN; le repetía una y otra vez que yo radicaba ya en Colombia, que aquí no podía hacer eso, consulté si ella podía en línea tratar de solucionarlo, a lo cuál ella en una actitud exasperante sólo decía “No podemos, para cualquier problema tienes que venir tú a México a resolverlo en una sucursal”. Yo, al borde de un ataque de ansiedad, le preguntaba que cómo iba a ir allá si ya no radicaba ahí, además de no tener dinero para ir a hacer un trámite tan simple, a lo que ella sólo contestaba “Es la única solución”. Colgué y sentía los latidos en la garganta, todos mis ahorros para estar aquí se encontraban en esa tarjeta.

Me calmé recordándome que pronto vería a mi mamá y que junto con ella encontraríamos una solución a esto. Llegó la noche y nos marchamos al aeropuerto. Sólo llegar ahí, mi fobia a los aviones se hizo presente y empecé a sentir retortijones de estómago al pensar un escenario terrible que involucrara el vuelo donde mis familiares viajaban. El miedo se hacía más sólido cada que miraba la pantalla de llegadas y no veía que aterrizara la aerolínea en que viajaban. Me estaba costando mucho trabajo controlarme; un señor que deambulaba preocupado preguntando si sabíamos por que tanta demora (de otra aerolínea)  no me estaba ayudando a calmar los nervios. Hasta cuando por fin se anunció que Copa Airlines había llegado, pude sentir emoción y relajarme. En lo que salían las personas, observé que muchas de ellas eran de la tercera edad y se me hizo un agujerito en el ánimo. Mi abuelita (que es mi adoración) me había dicho que no iba a poder asistir por que se cruzaba con otro viaje que ella ya tenía con sus hermanos. Le comenté a Alberto que necesitaba abrazarla pronto, que no podía permitir que el año terminase sin volverla a ver, él me prometió que haría lo posible porque pudiera verla de nuevo este año y sonreí más aliviada.

Después de casi una hora, salieron mi mamá y mi hermano, corrí a abrazarlos, a sentirlos, a decirles cuánto me habían hecho falta. Agradecí a Dios poder volverlos a tener a mi lado. Ya nos estábamos dando vuelta para irnos al coche, cuando escuché una voz que me parecía sumamente familiar que decía “¡Ya llegué!”. Al voltearme grité de felicidad, ¡era mi abuelita!, resulta que todos estos meses, había comploteado con mi mamá y la familia de Beto para que fuera una sorpresa su llegada y que yo no me enterara de nada. La abracé como si hubieran sido años de no verla, lloré, reí, agradecí. Alberto sonreía porque todo había salido según lo planeado, y yo no cabía de felicidad.
La vida a veces nos da ese extra que te hace sentir (aunque sea por un momento), la persona más dichosa sobre el planeta; ni siquiera me acordaba de la tarjeta y sorpresivamente, no pasó por mi mente lo que horas antes me preocupaba en demasía.

En verdad es increíble cómo una noticia desagradable puede hacer que uno reaccione tan mal, y cómo logra hacer sentir en ese momento al que está pasando por ello que todo se desploma… pero que de la misma forma, una buena noticia puede barrer con fuerza todo pensamiento negativo, haciendo que uno caiga en cuenta de una verdad hermosa: Sin la tormenta, sin el frío…¿cómo disfrutar de cuando el sol se asoma?

2 thoughts on “El abrazo del sol y la tormenta.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s