Pido un aplauso para el amor.

Antes de continuar con mis anécdotas con la ansiedad, creo que es importante hablar de cómo cuando la ansiedad es manejada de forma incorrecta te afecta no sólo físicamente con los malestares típicos de ella, sino directo a la autoestima. Este auto amor es vital para tener relaciones humanas sanas y fructíferas, pero siendo que la ansiedad se basa en estar ubicando la mente en escenas del futuro (en su mayoría desagradables), se abren también heridas del pasado por donde entran viejos fantasmas y penas.

Personalmente, mi experiencia en relaciones pasadas ha estado llena de distintos matices; que van desde lo muy agradable hasta lo más hiriente. Mi problema es que nunca me di el suficiente tiempo de sanar cada historia, brincaba a la siguiente sin darme un lugar donde pudiera cerrar heridas, reflexionar, crecer. Esto ocasionó que mi mente empezará a volverse defensiva, tomando decisiones erróneas, repitiendo patrones, dañándome con diferentes personas con actitudes similares. Sobre todo había un patrón común:  todos esos noviazgos acababan en yo dando absolutamente todo, drenada, vacía. No se malinterprete este hecho con que les hecho la culpa a ellos por herirme; la culpa es exclusivamente mía, y aunque tardé años en liberarlos de esa carga, por fin pude ver que la única responsable de mi persona, soy yo misma. Yo tuve que haber finalizado cada una de esas relaciones en el momento en que se volvieron tóxicas, pero como dice la frase de Perks of being a wallflower:Aceptamos el amor que creemos merecer”. El auto respeto, amor, ego que yo solía tener se había disminuido drásticamente hace tiempo ya; cuando me metí en una relación donde me humillaron mental y físicamente por cuatro años, sumándose a que por esa época fue el divorcio de mis papás. En esos años, mi papá en un impulso (que ya perdoné) dejó de hablarme varios meses para poder hacer su vida “sin hijos” con otra mujer (ya la dejó y volvimos a recuperar nuestra relación). El punto de esto, es que desde esa terrible experiencia, me quedé sin brújula para saber cómo volver a quererme y respetarme; y con esto de base, elegí muchos caminos erróneos y destructivos.

Por eso, aunque pude sanar un poco de todo esto cuando Alberto volvió de manera definitiva a mi vida; la realidad es que aún no había podido cerrar las heridas más profundas del todo. Esto, combinado con la ansiedad, me traía viejas voces donde sentía que necesitaba estar a la defensiva. Todos estos 16 años de mi historia intermitente con él han sido maravillosos y en todo este tiempo él jamás me ha lastimado, siempre se ha aparecido en mi vida para hacerme mejor persona; para apoyarme…si acaso yo era quien en mi inmadurez, acababa por herirlo. Ahora que por fin estábamos comprometidos, a mi autoestima quebrada le costaba mucho acabarse de creer lo buena, lo saludable, lo pura que es nuestra relación. Y a veces de la nada esa ansiedad ociosa, se ponía a imaginar el momento donde yo lo descubriera engañándome; en esa escena salgo yo explotando, regresando a México con mi mente diciendo “te lo dije, nada es tan perfecto, volviste a caer”. Estuve esperando muchos días ese golpe súbito y final por el simple hecho de que necesitaba amarme de nuevo para poder saber que merezco (y que por fin tengo) un amor completo.

Alberto me ha sostenido en arranques de inseguridad, de tristeza, de luchas internas en las que él acaba involucrado…me ha amado incluso cuando hay días donde ni yo no me he podido amar a mí misma. Él ha sido clave para que poco a poco recupere la confianza en mi persona y en los demás. Ha tenido una paciencia infinita en cada súbito momento de enojo o tristeza mía; toma mi mano, me abraza, me besa, habla conmigo. No se da por vencido jamás. Para mí y para todos los que me conocen ha sido impactante cuánto he avanzando en la sanación de todo lo que estaba magullado.
Es impresionante cuánto tienen que ver los medios de comunicación inyectando en el subconsciente que el amor duele. Pero no, si algo ha sido revelado hacia mí en esta historia que tengo con Beto, es que el amor verdadero te hace grande, te respeta y no lastima adrede; al contrario, te ayuda a aliviar los niveles más profundos del ser.

El trabajo de sanación es principal tarea de uno mismo, sí; pero si hay alguien que te acompañe en ese camino complejo (pareja, familia, amigos o terapeuta); entonces combates esas batallas acompañado, ya no te enfrentas a la oscuridad solo.

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