Bogotá.

Cuando llegué a “El Dorado” (el aeropuerto de Bogotá)  mi corazón estaba latiendo rápido de felicidad. Pude ver como si de una película se tratase, todo lo que había tenido que pasar para poder estar viviendo ese momento. Mientras me dirigía hacia migración, tengo que reconocer que agradecí a la ansiedad el haber aparecido en mi vida, ya que fue la única forma de que se me mostrase claramente que estaba viviendo de manera errónea. Me felicité por haber vencido el miedo al avión, ya que éste me había traído hacia el país que desde hace años me llamaba.

Estaba esperando mi maleta mientas le hacía conversación a una chica que había estado en el mismo vuelo, cuando ella me señaló el área de llegadas internacionales y me preguntó si conocía a un chico que estaba tratando de mirar hacia nuestro lado a través del vidrio que nos separaba.  Era Alberto. Sentí que el tiempo no había pasado entre nosotros, me costaba creer que no estaba soñando.

Corrí hacia él con mis dos enormes maletas, él venía con un ramo de rosas y sonreía de la misma manera que yo lo hacía;  como pude lo abracé y por fin se sintió real. En el auto camino al apartamento, recordé cuánto tiempo pasaba en google maps recorriendo cuantas calles pudiese mirar de Colombia, y esas veces que solía irme a dormir tratando de imaginarme en ellas. Ahora que mis ojos podían verlo todo fuera de la pantalla: los árboles, edificios, calles, personas; la certeza de haber hecho lo correcto se hacía más grande.

El futuro que se presentaba frente a mí era variado e inmenso: desde la parte que disfrutaría (conocer a su familia, visitar los lugares de los que me había hablado durante tanto tiempo, todo lo que estaba por probar, disfrutar, etc) hasta la parte que sería un reto (sacar los papeles de residencia, aprender a moverme sola, encontrar trabajo, extrañar a mi familia, amigos, etc) y es que en general lo nuevo siempre es una amenaza para la ansiedad; la cual al salirse de su zona de comodidad, cuestiona todo lo que está por vivir, mostrando a la mente todas las posibles amenazas y peligros. Pero en ese carro, con los vidrios abajo y la música de fondo sonando, silencié la voz de la duda; me deje inundar por los destellos de color, por la tarde que caía, por los acentos que escuchaba, los olores de la calle, por la risa que salía de mi ser causada por todo y por nada.

Sería maravilloso y difícil, de eso estaba segura. Sabía también que habrían futuros encuentros con la ansiedad y posiblemente con el pánico; pero por fin me sentía preparada para enfrentarlo, que al menos mi mente sabría cómo reaccionar ante un posible escenario de esos. Estaba nerviosa pero contenta de que estar en el lugar correcto.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s