Una salida necesaria.

Hasta ese momento, iba mejorando cada vez más al poner en práctica las herramientas que había aprendido en situaciones de ansiedad en casa y saliendo sola o con mi familia, aunque todavía no practicaba en salidas con mis amigos. Estuve tanto tiempo evitándolos que me costaba trabajo imaginar verlos de nuevo en las condiciones en las que estaba.
Pero la vida te va mostrando las oportunidades de hacerlo y poco después se presentó la ocasión. Un sábado por la tarde me marcó un amigo de la carrera para invitarme junto con otros compañeros a un bar del centro de la ciudad. Estuve muy tentada a darle una excusa pero sabía que si seguía por ese camino poco a poco iba a perder mi vida social. Lo peor que podría pasar era que me diera un ataque de pánico, y si sucedía, tenía planeado ir al baño hasta que terminara y poner en práctica todo lo que había aprendido. A la vez, estaba consciente de que temer a que me pasara eso, era abrirle las puertas a que sucediera, así que decidí concentrarme en los beneficios de volver a ver a mis amigos.

Antes de seguir, me gustaría comentar que otra de las ventajas de haber pasado por este trastorno, es que dejé de fumar. Me di cuenta que cada que lo hacía me sentía más alterada y junto con la taquicardia tenía episodios de ansiedad muy frecuentes. De la misma manera reduje el consumo de ciertos tipos de alcohol  y gaseosas porque me aceleraban más de lo deseable.

Bien, había transcurrido el día sin incovenientes,  y al anochecer ya estaba lista para que mi amigo pasara por mí. Recuerdo que durante el camino empecé a sentir ansiedad “¿De qué me estoy preocupando?” me pregunté a mí misma, la respuesta era obvia: el miedo latente a que me sucediera una crisis frente a todos y me vieran con cara de bicho raro. Respiré muy profundo y (con un poco de dificultad) seguí prestando atención a la conversación.

Llegamos al bar y ya estaban todos esperando, algunos sorprendidos de que por fin me decidiera a salir con ellos (pensaban que ya los había sacado de mi círculo social) y yo les di excusas de que lo único que había pasado era que había estado ocupada.  Mentí ya había tenido antes momentos incómodos con familiares al hablar de la ansiedad y que se relacione sólo con “tener nervios” y un fácil “cambio de actitud”, así que preferí no hablar sobre el tema.

Trajeron las bebidas y yo me animé a pedir un whisky (que ya llevaba tiempo sin probar), en ese momento un síntoma de ansiedad que no me había sucedido antes,me sorpendió: mis piernas (o al menos eso sentí) se pusieron heladas, las sentía como si me hubieran derramado agua con hielo. Acto seguido mis brazos también se pusieron fríos y me costó mucho parar la bola de nieve de miedo que se estaba generando en mi mente. “¿Y si me bajó la presión a un nivel peligroso?”. Sabía que la mejor manera de eliminar los pensamientos de ese tipo era enfrentándolos con su opuesto, con la solución. “Pues si se me está bajando la presión entonces pido una coca cola y se resuelve”- me respondí mentalmente. Pedí la coca cola mientras intentaba mantener mi rostro tranquilo, y una vez que me la empecé a tomar me dije “Listo, si fue verdad lo que me pasó, con la coca cola se soluciona, y si fue solo mental, entonces estoy más que bien”. Y me funcionó. Estuve muy bien unas horas más y pude disfrutar todo el tiempo que estuvimos ahí. Luego trajeron “shots” de Jagger  combinados con Redbull y me negué. Esas combinaciones aparte de peligrosas, equivalen para un ansioso a episodios infernales de ansiedad y pánico.

En fin, cuando salimos del bar, mis amigos (ya en estado de ebriedad) querían continuar en otro lado y la ansiedad tocó a mi puerta de nuevo. Me di cuenta que lo que pasaba es que así como a La Cenicienta, el hechizo iba a durar hasta cierta hora, es decir, en mi caso era que yo seguía trabajando aún con ese trastorno y que debía ir paso a paso, sin mucha presión. Pude domar a mi cabeza en un bar repleto de gente pero mi mente estaba agotada, necesitaba volver a casa. No vas a entrenar a un novato que quiere correr mandándolo a un maratón completo, ¿cierto? primero debe empezar por unos pocos kilométros y eventulmente ir avanzando.

El malestar se reflejó en mi cara porque me preguntaron si estaba bien y les mentí diciéndoles que ya estaba con hambre y cansada. Para mi grata sorpresa se ofrecieron a invitarme unos hotdogs de un puesto que estaba cerca, acepté porque me parecía que era mucho mejor que ir a otro establecimiento lleno de personas. Tuve buena suerte ya que después de cenar muchos les entró el cansancio y se llegó a la conclusión que era mejor volver.

Llegué a mi casa feliz, y por supuesto me felicité por haber hecho frente a otra casilla del miedo. Sabía que aún faltaba mucho, pero el hecho de seguir avanzando me llenaba de esperanza.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s