Saber, no temer.

Es cierto que a veces las experiencias que no son agradables nos traen algo para bien. Estábamos a mediados de Julio del año pasado y yo seguía mejorando. Disminuían los ataques de ansiedad y pánico; a veces volvían con fuerza, claro, pero yo estaba consciente de que las recaídas son normales en este proceso.

Sin embargo, algo llamaba mi atencion: así no estuviera sintiendo síntomas, ni estuviera agitada, mi corazón se sentía todo el tiempo como si hubiese acabado de hacer ejercicio. Esto se volvió muy incómodo porque cuando quería ejercitarme se me aceleraba tanto que tenía que parar de hacerlo, ya que podía sentir los latidos en mis oídos, en mi garganta.

Por esos días mi mamá estaba teniendo dolores de cabeza muy frecuentes y agudos, que aún tomándose pastillas para quitarlo no podía aliviarse. Se dio cuenta que era por la presión y quería evitar ir al doctor. Un día de esos, iba yo conduciendo y ella iba de mi copiloto cuando se empezó a sentir mal, mucho más que antes. Cuando la llevé a la clínica más cercana (contra su voluntad) resulta que estaba su presión en 160/100, lo cual es altísimo y muy preocupante, el médico le dijo que iba a necesitar lo más pronto posible un especialista. Por cosas de la vida, tenía poco que había conocido en Enero de ese año a un cardiólogo de quién tenía excelentes referencias.

Cuando acompañé a mi mamá a su cita con el doctor, una vez que él me reconoció me atreví a preguntarle por lo que me estaba pasando. Solo quería una opinión, nada más, pero tal es su calidad humana que me ofreció gratuitamente un estudio de Holter. ¡Yo no lo podía creer y acepté feliz!

Los estudios arrojaron que había desarrollado (al parecer por la ansiedad) una leve taquicardia y el cardiólogo me mandó medicamento con dosis muy bajitas para tratarla. Me cambió la vida. El hecho de poder estar tranquila sin sentir los latidos acelerados todo el tiempo y con ellos el miedo a sufrir un infarto, me ayudó aún más a estar tranquila, sabiendo que mi corazón estaba bien y que recuperaba su ritmo.

Ayuda muchísimo a hacerse estudios cuando sienten que algo no está mejorando, ya que si efectivamente tenemos algo más, pues se trata y si no, mejor aún porque sabes que estás completamente sano y puedes utilizarlo como escudo contra la ansiedad.

Ocuparse, no pre-ocuparse. 

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