Si no es ahora, será mañana…

Siempre es rico procrastinar: olvidarnos de las obligaciones un rato, tirarse a la cama, prender la tele, ver nuestras redes sociales hasta el cansancio ( o lo que sea que hagas para distraerte) y tratar de alargar esa actividad lo más posible. No estoy hablando nada más de las responsabilidades de trabajo, o las que podríamos calificar de “importantes” si no cualquier tipo de deber.

Recuerdo que en ese episodio de desempleo que tuve, mi mamá me asignó tareas del hogar. Yo acepté porque me pareció justo, aunque la verdad me daba mucha flojera lavar los trastes o el patio, así que cada que llegaba el momento de hacerlo, me ponía a hacer otras cosas que consideraba más divertidas y terminaba casi siempre dejándolo para el día siguiente. Sabía que estaba mal y sentía una incomodidad conmigo misma que trataba de callar porque me parecía molesta, además de que estas situaciones me ocasionaban problemas con mi familia.  En “Vive sin Ansiedad” tocan este tema como algo vital, y es casi inaudito lo obvio de esta lección y sin embargo no lo vemos.

Cuando uno pasa lo que tiene que hacer para después, aunque de alguna manera te estés “distrayendo” o creyendo que la estás pasando mejor que haciendo lo que tenías como  prioridad, en realidad te estás engañando porque la mente no olvida. En algún rincón de tu memoria eso sigue latente y para decirlo en palabras más coloquiales, le estás dando leña al fuego de la ansiedad. Eso explicaba por qué cuando yo lo hacía terminaba el día con síntomas y/o malestar. Me dí cuenta que no sólo es la parte de la ansiedad o los ataques de pánico que se alimentan de esto, si no que es también de los banquetes favoritos de la depresión. ¿Por qué? Si como hablábamos anteriormente, tiendes a atacarte a ti mismo, el hecho de postergar los deberes le da a esa parte hiriente que se ha creado en tu mente “argumentos” para hacerte sentir peor; y normalmente conlleva también problemas con los demás lo cual va a influir en nuestro estado. Si vamos a sanar nuestro interior y corregir lo que nos ha llevado a tener estos trastornos, es importante convencer con hechos a nuestro cerebro, no solo con palabras.

Así que comencé a terminar primero lo que tenía que hacer (por pequeño que fuera) y puedo decirles que es impresionante cómo influye a niveles profundos de nuestra mente el terminar lo que debemos en el momento que es debido. Esa parte de “culpa” silenciosa cuando no lo hacía se iba por completo, y me ayudó muchísimo (junto con todo lo demás) a seguir disminuyendo los periodos e intensidad de la ansiedad.

Primero el deber, luego el placer.

 

 

ANX

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