Municiones para las batallas.

Cuando uno aprende a caminar, va poco a poco; no se levanta milagrosamente y empieza a correr sabiendo de la nada cómo son los movimientos para poder lograrlo. Ahora bien, pasa lo mismo cuando queremos sanar la mente: todos esos años acumulados permitiendo que se ensucie, han creado un imperio de tierra que no podemos pretender quitar solo soplando. Así como no podemos enfrentar a un monstruo terrible sin antes haber derrotado a unos menos complejos, no es recomendable exponernos inmediatamente a nuestros peores miedos (ya sean recientemente adquiridos o llevemos ya mucho tiempo con ellos). Sin embargo es importante que sí empecemos dando pequeños pasos, ya que entre más evitemos sentir miedo, el “monstruo” se hace más fuerte, ya que se alimenta precisamente de ello.

Por decir un ejemplo, si mi fobia es estar en lugares encerrados con mucha gente (dígase tomar el metro) entonces voy a empezar con la versión mas “ligera” de estar en un espacio así con varias personas.
En esta situación podría ser un supermercado: una vez allí, hacer una reflexión de cómo nos fue, cómo nos sentimos y qué fue lo mas difícil y lo más sencillo de esta experiencia. Ayuda mucho poner en práctica lo aprendido una vez que estamos en ese lugar que elegimos como nuestra primera batalla; y una vez que estamos experimentando ansiedad o ataques de pánico recordar constantemente que todos esos miedos (ya sea a morir, desmayarnos, quedar locos, etc) NO SUCEDERÁN,  es muy importante tener presente que aunque si bien las sensaciones son muy vívidas, distan mucho de convertirse en algo peligroso o real.  De alguna forma cuando empiezas a combinar los ejercicios de respiración, tensar los músculos para luego relajarlos y este mantra, empiezan a ser menos duros los ataques (o más cortos). Si no funciona a la primera recuerda que TENER PACIENCIA en el proceso de recuperación es clave. 

Una vez que nos sentimos cómodos en esta primera fase, pasamos a algo más complejo, por ejemplo (en este caso), ir al cine. Así nos vamos moviendo hasta llegar hasta lo que consideramos el último nivel que es tomar el metro, y aún ya alcanzando este logro, debemos dividirlo desde lo más sencillo hasta lo más complejo; empezando por entrar en horas donde casi no haya gente, hasta la hora pico (quedándonos sólo pocas estaciones hasta llegar a sentirnos bien con trayectos más largos).

Cuando me animé a realizar esto, fue muy enriquecedor darme cuenta que entre más enfrentaba escenarios que solía evitar, más débil se hacía el miedo; sin embargo, sabía que faltaba aún mucho por recorrer, así que por aquellos días busqué más opciones complementarias a “Vive sin ansiedad” y me encontré con otra que ha sido clave para mi bienestar hoy en día. Mañana les compartiré ese primer encuentro.

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