Té para 3.

Algo tenía muy claro: tomar ansiolíticos sería mi última opción. Después de mucho investigar, no me dio confianza recurrir a ellos. Si bien ayudan bastante a dejar de padecer los síntomas (temporalmente), no me dieron confianza los efectos secundarios, además del peligro de que pueden ser adictivos.
Mi mamá por esos días había ido a la tienda naturista para preguntar qué remedio podría servirme para ayudarme con la ansiedad. Le recomendaron unas pastillas de hipérico (también conocida como hierba de San Juan) que (al ser naturales) no causan ansiedad. Estas pastillas me han ayudado mucho por el efecto relajante que tienen y que lejos de hacer daño, tienen muchos pros (aún así es mejor que pregunte a un médico si puede tomarlas si ya está en otro tratamiento).
Aún con esta ayuda, sabía que apagar los síntomas sería como tomar pastillas para una muela que necesita extraerse. El dolor se irá por momentos, pero eventualmente regresará, por lo que sabía que el verdadero trabajo iba a estar en mi mente.

Así que convertí el comedor de mi casa en mi refugio para la búsqueda que tanto necesitaba. Estaba dispuesta a encontrar la tregua que me permitiría saber qué querían de mí la ansiedad y los ataques de pánico. Empecé con una búsqueda rápida de internet: todo lo que había me parecía inverosímil: remedios milagrosos a cambio de un pago considerable, o promesas de curación en unos días.
Me encontré entonces con un programa llamado Vive Sin Ansiedad. Lo investigué, leí opiniones; al parecer estaba ayudando a mucha gente. Sin embargo, también costaba adquirirlo. Para ser honesta, el precio es MUY accesible (comparándolo con pagar terapias); aún así yo no tenía ni 50 pesos en la billetera y me preocupaba que no pudiese siquiera adquirir algo tan económico. Pasaron los días y yo seguí buscando opciones que me permitiesen lidiar con la ansiedad y sobretodo, con los ataques de pánico. Encontré un ejercicio que me ayudaba mucho cuando sentía venir el ataque; este era sentarme, cerrar los puños y apretar todo mi cuerpo lo más que pudiera, desde los ojos hasta los pies para después soltar y relajar los músculos. De alguna manera, al hacer esto mi cuerpo quedaba más tranquilo. Otras opciones eran las técnicas de respiración: inhalar unos segundos contados y tardarme más en exhalar. Este era mi kit de emergencia, a veces funcionaban, a veces no.
Estaba en esas cuando me llamaron de un ex trabajo para darme la noticia de que me tocaba reparto de utilidades. Grité de felicidad ya que aunque no era mucho, sí era lo suficiente para poder adquirir Vive Sin Ansiedad.

No pretendo decir todos los puntos del curso, porque eso ha sido trabajo de su creador Eric Gutiérrez, a quien por siempre le estaré agradecida. Quiero que este blog sea un recorrido por los puntos que más me ayudaron del programa, así como todo lo demás que he investigado en otras fuentes (o que me ha dejado de aprendizaje la experiencia) para poder estar por fin, en paz con mi mente.

 

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